
Compara las fichas técnicas de PETG y ABS y verás números parecidos en varias columnas — pero imprime los dos en la misma tarde y notarás que se comportan como si vinieran de mundos distintos. Uno se porta bien casi sin esfuerzo; el otro te exige respeto desde la primera capa. Vamos a ver dónde está realmente esa diferencia, más allá de lo que dice la ficha.
La primera decisión: cuánto trabajo estás dispuesto a meter
El PETG se adhiere mejor a la cama, genera mucho menos warping, y no te exige cámara cerrada (aunque ayuda si la tienes). El ABS, en cambio, es de los materiales más exigentes que existen: cama a temperatura alta, cero corrientes de aire, y en la mayoría de casos, cámara cerrada si no quieres verlo deformarse a medio camino. Si tu impresora es abierta, ahórrate el disgusto y ve directo al PETG.
Cuando la pieza tiene que aguantar de verdad
En resistencia mecánica van bastante parejos, con matices que sí importan según el uso. El ABS es algo más rígido y aguanta mejor el desgaste por rozamiento; el PETG es más flexible y absorbe mejor los golpes sin partirse. Para impactos o flexiones repetidas, el PETG suele salir ganando. Para rigidez estructural pura, el ABS tiene ligera ventaja.
Con la temperatura, el ABS es el más resistente — hasta unos 100°C antes de deformarse, frente a los 70-80°C del PETG. Por eso sigue siendo habitual en el interior de coches o cerca de fuentes de calor intensas. Para uso doméstico normal, lo que aguanta el PETG te sobra de largo.
Lo que descubres tarde, cuando ya es demasiado tarde
Si la pieza va a exterior, el PETG se lleva mucho mejor con el sol prolongado y la humedad. El ABS, sin tratamiento adicional, se vuelve quebradizo con el tiempo bajo sol continuo — algo que notas cuando la pieza ya se ha agrietado sola en la terraza, no antes.
Y en casa se nota otra cosa: el ABS suelta un olor fuerte al fundirse, así que necesitas buena ventilación en la habitación, no solo en la impresora. El PETG apenas se nota.
El truco de acabado que solo tiene uno de los dos
El PETG tiene ese brillo natural característico, aunque puede generar stringing si la retracción no está calibrada. El ABS da un acabado más mate de fábrica, pero puede jugar una carta que el PETG no tiene: el vapor de acetona, capaz de dejar la superficie lisa y sin líneas de capa visibles, sin lijar nada.
¿Cuál para cada caso?
PETG para piezas funcionales de uso general, repuestos, exterior, o cualquier cosa que toque humedad o necesite algo de flexibilidad. ABS cuando necesites máxima resistencia al calor, piezas mecánicas rígidas, o ese acabado liso que solo da la acetona — habitual también en piezas de automoción por su resistencia térmica.
En resumen
El PETG suele ser la opción más práctica para la mayoría — facilidad de impresión y buen equilibrio sin pedirte una impresora especial. El ABS conserva su sitio en casos concretos donde la resistencia térmica extrema o el acabado con acetona son imprescindibles, pero exige más de tu impresora y de tu paciencia.
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