
Hay una diferencia enorme entre una pieza que sirve para algo y una que parece salida de una tienda. El post procesado en impresión 3D es exactamente eso: el conjunto de técnicas que aplicas después de imprimir para pulir el acabado, mejorar la resistencia, o simplemente hacer que nadie adivine que salió de tu impresora en casa.
Por qué merece la pena molestarse
Toda pieza FDM tiene líneas de capa visibles que delatan cómo se hizo — para uso funcional, esto da igual. Pero en piezas decorativas, prototipos de presentación, o cualquier proyecto donde el aspecto importa, el post procesado marca una diferencia que se nota a metros de distancia. Y no solo es estético: también puede mejorar la resistencia, protegerla de humedad y desgaste, o añadir funciones que la impresión sola no consigue.
Lijado: donde empieza casi todo
Es la técnica más básica y la que mejores resultados da con menos inversión — solo necesitas papel de lija de varios granos y algo de paciencia. Empieza con grano 120-200 para quitar las líneas de capa más marcadas y las imperfecciones grandes, con movimientos circulares suaves, sin centrarte demasiado en una zona para no deformar la pieza.
Sube a grano 400 para alisar más, luego 600, y termina con 800-1000 para una superficie muy suave. Para el mejor resultado, lija en húmedo con los granos finos — da una superficie más uniforme y reduce el riesgo de arañar. Funciona genial con PLA y ABS; con PETG cuesta algo más, porque el material es más elástico y tiende a deformarse ligeramente con el calor de la fricción.
Imprimación y pintura, el siguiente paso lógico
Una vez lijada, la pieza está lista para pintar. La imprimación es imprescindible para que la pintura agarre bien al plástico y aguante en el tiempo. Aplica una capa fina en spray desde 25-30cm de distancia — de paso, revela imperfecciones que el lijado no había mostrado del todo; si aparecen líneas visibles, lija suave otra vez y repite.
Con la imprimación seca, aplica pintura acrílica con pincel o spray — marcas como Vallejo, Citadel o Army Painter son las más usadas en la comunidad, y dan resultados muy consistentes. Termina siempre con una capa de barniz para proteger el acabado del desgaste diario y los arañazos.
El truco exclusivo del ABS: alisado con acetona
Este material tiene una propiedad que ningún otro común comparte: se puede alisar con vapores de acetona hasta dejarlo completamente liso, sin lijar nada. Coloca la pieza en un recipiente hermético con un paño empapado en acetona en el fondo — los vapores se acumulan y disuelven ligeramente la superficie exterior, dejándola uniforme. El resultado es casi perfectamente liso, con un brillo que sorprende a cualquiera que no sepa cómo se hizo. Eso sí: la acetona es inflamable, trabaja siempre en un sitio ventilado, lejos de calor o llamas.
Resina epoxi, para cuando el acetona no es una opción
Es la técnica que da el mejor acabado posible en post procesado, y funciona bien en materiales donde el truco de la acetona no aplica, como PLA o PETG. Mezcla la resina con el endurecedor según indique el fabricante, y aplica una capa fina con pincel — la resina fluye sola y rellena las líneas de capa y demás imperfecciones. Deja curar del todo antes de tocarla. Para el mejor resultado, lija ligeramente antes de aplicarla — mejora la adhesión y deja un acabado más uniforme.
Masilla, para cuando el lijado no basta
En imperfecciones grandes, o zonas donde el lijado no llega, la masilla de relleno para plásticos rellena huecos e irregularidades antes de lijar y pintar. Aplícala con espátula, deja secar del todo, y lija hasta conseguir una superficie uniforme. Especialmente útil para rellenar huecos entre piezas ensambladas, o zonas donde los soportes han dejado marcas profundas al retirarlos.
Ensamblar y pegar bien
Muchas piezas se imprimen en partes que hay que unir después, y el pegado correcto es tan importante como el resto del post procesado. El cianoacrilato (superglue) es el más usado para PLA y PETG — resistente, y seca en segundos. Para ABS, el pegamento específico de ABS (que es ABS disuelto en acetona) da uniones que se fusionan con el material base. Y para uniones que necesiten aguantar más, el epoxi de dos componentes da la unión más fuerte de todas, aunque tarda más en secar.
Más allá del aspecto: tratamientos para resistencia
El barniz de poliuretano protege contra humedad, arañazos y rayos UV — muy útil en piezas de exterior. La pintura de caucho líquido añade una capa flexible que resiste golpes y mejora el agarre. Y el recubrimiento con fibra de carbono o de vidrio da una resistencia estructural muy alta a piezas que necesitan aguantar cargas serias.
Preguntas frecuentes
¿Siempre hace falta post procesar? No. Para piezas funcionales donde el acabado no importa, no es necesario. Para piezas decorativas o de presentación, marca una diferencia enorme.
¿Cuánto tiempo lleva? Depende de la técnica y el tamaño. Un lijado básico, 15-30 minutos. Un acabado completo con imprimación, pintura y barniz, varias horas contando los tiempos de secado.
¿Afecta a las dimensiones de la pieza? El lijado quita algo de material, algo a tener en cuenta en piezas con tolerancias ajustadas. La resina epoxi añade una capa fina que puede aumentar ligeramente las dimensiones exteriores.
En resumen
El post procesado transforma el aspecto de cualquier pieza por completo. El lijado es el punto de partida casi universal. La imprimación y pintura añaden color y protección. La resina epoxi da el acabado más profesional. Y el alisado con acetona en ABS es, sin duda, la técnica más espectacular para conseguir una superficie perfecta. Empieza con un lijado básico en tu próxima pieza y verás la diferencia con muy poco esfuerzo.
Para pintar las piezas después del postprocesado consulta nuestra guía de cómo pintar piezas impresas en 3D.
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